martes, 2 de diciembre de 2014

Arroz con Leche - Jorge Polaco

Cobertura del BAFICI 2009: Nunca es tarde para vivir, viejo pastenaca!!!

Título: Arroz con leche
Año: 2008
País: Argentina
Guión y dirección: Jorge Polaco
Con: Isabel Sarli, Jorge Ochoa,
María Alejandra Figueroa
Fotografía: José Trela
Montaje: Liliana Nadal
Producción: Oscar Marcos Azar
El arte es un eterno descubrimiento, contrariando las ideas posmodernistas que intentan implantar el agotamiento de las posibilidades, consigna sostenida cruelmente por el cine mainstream. La obra de Jorge Polaco solo se parece a sí misma. De la pantalla se desprende una libertad absoluta para el espectador, que posee la rara posibilidad de concebirla sin la necesidad de estar pendiente de la subjetividad del director. Lo que propone es una interpretación, dentro de todas las posibles. La composición de la imagen encuadra el desquicio de los personajes, que tienen la habilidad de representar un instinto, más que un hecho o una realidad. La originalidad poética, repleta de ambición y coraje, logra una ametralladora de metáforas simétricas a una misma constante: la vejez no significa estar muerto.
Atemporal, inmersa en un mundo de juegos, sexo y renaciente virilidad, Arroz con leche corrige las posibilidades de la vida, lejos de cualquier religión, estereotipo, política o cultura. Jorge Polaco le da su merecido a la perversión de los antagonistas, que intentan sacarse de encima el problema de la vejez y que la terminan sufriendo, no por la edad, sino por el solo intento de negarla. A la vez, recompensa a aquellos que creían que su única salida era entregarse, sumisos, a la impredecible muerte.
Frases y guiños poderosos, inverosímiles para quienes no entiendan la forma expresiva que propone. Es abrumador el tratamiento escénico, el arte combinado con el libre desplazamiento de los personajes y las cámaras, que se comportan acompañando a las performances. La cadencia, todo lo que se ve, lo que se piensa, representa las referencias exactas que engloban un sentimiento natural de arte.
Arroz con leche es una experiencia que vive por sí misma, que se disfruta y deja a un análisis personal, la conciencia del verdadero valor de ser feliz, sin ningún tipo de condicionamientos. Jorge Polaco le impone color al cine, que lo revive. En el nombre de Santa Isabel, de Genaro, de Sor Cascabel, amén.
Soledad Bianchi
Originalmente publicada en Hatari Cine a propósito de BAFICI 2009

The Time That Remains - Elia Suleiman


Título original: The Time That Remains
País: Francia / Bélgica / Italia / Reino Unido
Año: 2009
Duración: 90´
Director: Elia Suleiman
Reparto: Elia Suleiman, Saleh Bakri, Samar Qudha Tanus
Time That Remains está impregnada de una energía visual constante. Cada encuadre crea un espacio compuesto por la intensidad plástica que sostiene, con un nivel de representación inquebrantable, que sorprende por su delicadeza. La fotografía retrata la fidelidad de una intención premeditada. Los planos de estructura arquitectónica mantienen una belleza inmutable, indicio de la búsqueda del director. No en vano tardó 7 años en filmarla, luego de Intervención Divina, su anterior largometraje de ficción, que rodea la misma temática.
Tres estados sucesivos se presentan a partir de la rendición árabe ante el ejército Israelita en 1948: La lucha, la resignación, el desconcierto. La vida de los palestinos es unconflicto permanente por no pertenecer más a su propia tierra y ser perseguidos por su condición étnica. Nazareth está envuelto en el forzado exilio de muchos, en la eterna lucha de los que prefieren quedarse. El protagonista intentará abolir las condiciones pautadas por el enemigo, luchando por su identidad y la de su pueblo. Pero solo logra convertirse en perseguido, y esto lo alejará de la resistencia. Su vida la entregará a cuidar a su familia, a sus vecinos, a pescar, tal como su esposa se dedica a la gran tarea epistolar de comunicarse con los parientes exiliados, que no volverá a ver. Quedan dudas si la confección de armas para la resistencia no sigue siendo su profesión oculta, como en los viejos tiempos, y pescar sea solo un acto para enmascarar la entrega de las mismas. Pero claro, esta es la visión de su hijo y director de la película Elia Suleiman, que deja la incógnita abierta porque quizás para él también lo sea. Su niñez, dentro del film, representará el estado de abulia de la nueva generación, nacida bajo leyes ajenas, anestesiada por la terrible locura de un muro separatista. Fuera de la ficción filma The Time That Remains, para representar la lucha de su padre, la resignación de su pueblo entregado a los Israelíes, y su desconcierto ante la estupidez de una realidad inevitable. Fuera de la ficción intenta hacer lo que dentro de ella no puede, desde la acidez de una mirada cansada de tanto mirar y no poder hacer nada.
Elia Suleiman, dibuja su vida en cada plano, con el objetivo de explicar lo ridículo y salvaje de un suceso que sigue existiendo en forma de muro. Pone la cámara distanciándose de los hechos, para así intentar reflejarlos de un punto de vista objetivo, exhibiendo el capricho de una guerra sin sentido. Pero hacia el final, cuando él mismo aparece en escena, se torna más subjetiva, para mostrar su intención, para descubrir su secreto. Se nota la ira contenida en su mirada, con ganas de retomar la lucha de su padre. También su reacción nostálgica al ver su madre, vieja y triste, ignorando los fuegos artificiales de una navidad separada en mil partes. Se descubre en su actuar la necesidad de hacer algo con lo vivido, llevándolo a cabo en esta película. Así pasa a formar parte de la resistencia, como su padre, en el tiempo que queda.
Soledad Bianchi

Publicada originalmente en Hatari Cine - Cobertura Festival Internacional de Mar del Plata 2009

Vikingo - José Celestino Campusano

Festival Internacional de Mar del Plata: Be King Go, el alma de la verdadera ruta


Título original: Vikingo
País: Argentina
Año: 2009
Duración: 90´
Director: José Celestino Campusano
Reparto: Rubén Orlando Beltrán, Armando Galvalisi
Motocicletas de inventiva propia, armadas conceptualmente, en busca de su esencia. Indiscutibles choppers, auténticos triciclos. Nada de Harley Davidson, ni copias estilizadas. Motociclistas del conurbano, impregnados con el polvo de la ruta, con manos obsesivas por la mecánica, exentos de la imagen inmaculada de un motoquero citadino. Camperas de cuero raídas, símbolo de pertenencia a un ideal motorizado, más que a un síndrome de moda o esteriotipo. Los verdaderos códigos, sujetos a un principio compartido, con reglas implícitas. Sin marcas, ni modelos, ni nombres ridículos, con estilo propio, característico de una misma sintonía. Vikingo es un representante puro de un mundo tangible por su representación fiel.
José Campusano, en su segundo largo de ficción, lleva al éxtasis su cine bruto. Dentro de la competencia internacional del Festival de Mar del Plata, su reformadora actitud al concebir una historia, lo instala como candidato implacable. Plena satisfacción de imágenes que gritan un rock imposible de ignorar. Con Vil Romance, presentada el año pasado en este mismo festival, logró llamar la atención y, quizás, molestar a los más retrógrados. Con Vikingo, satisface la coherencia de un nuevo cine, basado en la manifestación de la forma pura. Las imágenes transcurren con un cuidado inadvertido. La conjunción de todos los elementos crea un espacio ausente de disfraces, la crudeza de la realidad convertida en fotograma. Con un cuidadoso tratamiento, el sonido destaca los planos sonoros, conjugados a la perfección con las imágenes. El relato cuenta con la certeza de narrar sin digresiones una ficción basada en documentar hechos reales. Las elipsis y los fuera de campo, están impuestos hábilmente para evitar roces con lo sentimental. La estética fría de los flashback acrecienta el misterio.Mientras tanto, la sub-trama expone las consecuencias de la marginalidad, del progresivo resquebrajamiento de la sociedad. El paco anda suelto, al igual que su fiel compañero, las armas de fuego. Las etapas de su avance son presentadas por los distintos estadios de sus víctimas. El dealer, con los medios suficientes para su distribución. El que vende en el barrio, un paquero ausente ya de cualquier tipo de códigos. El sobrino de Vikingo, que duda hasta quedar envuelto en la adicción, entrega su destino a la tragedia final. El niño nuevo, que no se anima a disparar, pero pega una patada de iniciación nada prometedora. Lo desgarrador de una actualidad, opuesta a la representación televisiva habitual. Vikingo, con una imagen fuerte, se muestra paralizado por la situación que lo rodea, impotente ante los efectos despiadados que se presentan en los chicos. Esclaviza a sus hijos, con métodos violentos, para salvarlos de ese y cualquier otro mal que sea su consecuencia. Aguirre, a quien Vikingo le ofrece su vivienda luego de ver su motocicleta y entenderlo como partícipe de sus principios, es la simetría donde se vislumbra una reflexión más sutil sobre otras drogas. Haciendo hincapié en la abolición de códigos implícitos bajo su efecto, los fallidos de Aguirre pueden ser relacionados al uso de LSD, marihuana y cocaína, sin instancias evidentes ni educadoras, pero con deducciones asociables. La cerveza y el vino, en cambio, pertenecen al grupo de excesos permitidos. Combustibles que hacen festivas sus vidas, concepción de un régimen fundamentado en premisas metaleras. Con estos indicios, se logra captar la veracidad de los hechos, sin golpes bajos ni consignas aleccionadoras. Solo con el objetivo de expresar una circunstancia existente, un hilo destructor que atraviesa a cualquier comunidad, hasta la más fuerte.
El rey de los códigos, con su casco vikingo, representa el respeto y la integridad, con sus valores apuntados a salvaguardar la vida de su familia, la propia y la de sus hermanos motociclistas. Aguirre, en su descarrilamiento, con la misma pasión por las rutas, pero con los molestos recuerdos interfiriendo su andar. La motocicleta es un símbolo de unión, de fraternidad. El rockabilly, el rock and roll, el metal, la música y los fierros, las camperas, los tatuajes y lo sucio y real de los márgenes de la ciudad. Vikingo, es una explosión de emociones constantes, signadas por la autenticidad, en una nueva frecuencia. Cine de ficción por ser una representación, pero tiene también la certeza de retratar una hecho real desde su misma esencia. Se siente una película madurada por la propia lealtad a su noción. Un nuevo aire, plagado de emociones fuertes, vivencias originales, cubierto de poesía salvaje, feroz, verdadera. Sin intenciones de más, con la sola premisa de llevar a cabo un “Cine bruto”, Campusano, con su arte, crea una innovadora vertiente, otro camino más explícito y cautivador. La nueva ola del cine nacional es un pequeño mundo a pura máquina. Enciendan sus motores y a rodar por esta ruta de gratificantes aventuras.
Soledad Bianchi
Publicada originalmente en Hatari Cine - Cobertura Festival Internacional de Mar del Plata 2009